| TERCERA PARTE: ITINERARIO POR SUS OBRAS |
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1.- CAMPESINO. Cabeza estudio. Bronce
1923. EXPOSICION DE OTOÑO
En el Estudio de su Maestro el escultor Ortell modeló su primera obra de importancia, que hasta el final de su vida la nombra como su más estimada, no ocultando su dolor y nostalgia de ella. Lo contaba así:
Aprovechando ausencia de su Maestro por viaje a Italia, que le recomienda constante que dibuje ahora y solo dibuje y ya modelará en su momento, comienza en el propio taller una obra que ya concibe muy en serio, sobre la que había trabajado en un soberbio dibujo y que titula CAMPESINO, que modela en barro. Cuando la tiene casi terminada la ve un amigo de su Maestro Ortell que, sin saber de su ausencia, iba a visitarle. D. Julio Ortega, médico valenciano, paisano, que entusiasmado de ella le preguntó qué destino le iba a dar. Le contestó Navarro que pensaba presentarla en la Exposición de Otoño.
- ¿Así, en barro?
- En yeso, claro, porque ni tengo dinero para fundirla en bronce, ni puedo tener esa pretensión para mi obra.
- Yo pagaré la fundición si luego de la Exposición me la das.
-(Antonio, emocionado ante tan brillante perspectiva para su obra todavía le dice:) Tengo que pedirle permiso a Don Alejandro Berenguer que es quien está pagando para que aprenda aquí y me parecía un abuso a su generosidad pedirle costee fundir un "estudio" en bronce.
- Pregúntale y si te da autorización yo mantengo lo dicho.
Fue Navarro a ver a Don Alejandro y le contó el suceso. Este le felicitó porque su primer trabajo y serio tuviera ya un admirador y un socio y lo pudiera presentar en bronce, con toda dignidad, en la Exposición de Otoño. Así se hizo.
En la Exposición de Otoño llamó la atención ésta cabeza titulada CAMPESINO, vertida en bronce, hasta el punto que hasta los Maestros Orduña y Juan Cristóbal la confundían con las cabezas de "la raza", y la creían obra del escultor de más nombre del momento, Julio Antonio, autor ya, pese a su juventud, de obras sensacionales cual "Los bustos de la Raza"; como el "Monumento a Chapí" en el Parque del Retiro, encargo de la Sociedad General de Autores; el panteón de Lemoniere, obra que por parecerle demasiado hermosa a la familia, a su pronta muerte renunció a la idea que motivó su encargo y la regaló al Museo de San Sebastián, donde se encuentra. (¡Cómo narraba esto Navarro Santafé ya a pocos meses de su muerte! Sus dos grandes admiraciones eran Miguel Angel en el mundo y Julio Antonio en España.)
Pues como obra de este su admirado escultor creían todos que era aquella cabeza titulada CAMPESINO, con la que a los 17 años no cumplidos se dio a conocer Navarro Santafé en la Exposición de Otoño de 1923.
La fotografía de ella, único que le queda de ésta que él siempre nombra como su obra predilecta, la guarda amorosamente expuesta en su Estudio - Museo de Villena, su ciudad natal. Muchos años después intentó recuperarla y visitó al Doctor Ortega manifestándole su deseo pero, aunque con amable cordialidad, le fue claramente negada la idea de desprenderse de ella.
Nos contó hasta la anécdota del modelo: Cuando estaba en plena clase de Caras, Rostros, un día vio a un mozo de cuerda en la Plaza de Santo Domingo, apoyado en una esquina. Le llamaron la atención los fuertes rasgos y la hermética expresión de su cara. Impresionado lo volvió a ver al día siguiente y después de su natural titubeo se atrevió a preguntarle si estaría dispuesto a posar para él. Con toda naturalidad le contestó que sí si le pagaba algo y al preguntarle el joven aprendiz de escultor cuanto quería le contestó: "Una peseta y un vaso de vino". Como tal precio, aunque con esfuerzo, entraba en sus posibilidades le contrató. "El Peseta", que con tal mote le conocían, había sido podenquero en los montes de Toledo. Bastantes años después,, estando de caza Navarro en esos montes comentó con su anfitrión, el Conde de Mayalde, que él de muchacho había modelado la cabeza de un podenquero de aquellos montes y el Conde de Mayalde le dijo: "sería el Peseta", pues tanta fama tenía.
Cuando se comentaba su éxito en la Exposición de Otoño con su obra CAMPESINO, los escultores Orduña y Juan Cristóbal le preguntan que de dónde es, a lo que contesta que de Villena. -
"¡Ah! Villena, importante pueblo. Pues debes escribir - le dicen - al Ayuntamiento de Villena enviándole una fotografía del CAMPESINO y solicitándole que te ayude para completar la que te da Don Alejandro Berenguer."
Y escribió aquel muchacho de 16 años, tan humilde mas ya triunfante en tan prestigiosa Exposición, lleno de ilusión ante el efusivo consejo, al Ayuntamiento de su pueblo en los términos que le habían indicado aquellos dos famosos escultores, adjuntando fotografía de su obra admirada..., pero no recibió respuesta. Más adelante y aprovechando un Concurso de lápidas al Maestro Chapí, convocado por el Ayuntamiento de Villena, al que asistió y cuyo Concurso ganó, aprovechó este "éxito" para volver a recordar a las autoridades de su pueblo natal la petición de ayuda que le pudiera asegurar la continuidad de seguir sus estudios sin tener que ser gravoso en exceso, según pensaba en su humildad, de su desinteresado protector el Sr. Berenguer, pero... de nuevo, nada. Silencio.
LA EXPOSICION NACIONAL
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Ante la inminencia de la fecha de convocatoria de la Exposición Nacional intentó llevar ilusionado su CAMPESINO a ella. Casi 70 años después contaba con dolor redivivo aquella dolorosa desilusión, que pudo haber influido de modo importante en su vida artística:
"En vista del éxito de mi "CAMPESINO" en el SALON DE OTOÑO, me animé a exponerlo en la EXPOSICION NACIONAL. Visité al Dr. Ortega y le manifesté mi deseo. El Dr. Ortega me dijo que ya me contestaría.
"como pasaba el tiempo y tenía que entregarlo al Jurado de Admisión, volví a su casa y me dijo que lo sentía mucho pero que ya había cumplido conmigo.
"Recurrí a un señor Barrenechea - amigo de mi Maestro, pero... nada. El Dr. Ortega se excusó diciéndole que no entregaba el busto por temor a que yo lo vendiera... ¡qué desengaño! Este buen señor no conocía el alma de los artistas....
"En aquella época otorgaban Tercera Medalla por este tipo de obras."
Navarro cumpliría para entonces 17 años.
Monumento CAPITAN A. HERNANDEZ MENOR. Villena.1930.
Piedra. Busto de 0'53 alto, sobre pedestal esculpido de 1'62. Plinto: 40X74 sobre alberca de 0,45X2'32X1'47. Total 3 m. alto.
2.-
En la histórica gesta militar que dio fin a la larga guerra que España mantenía en Marruecos desde más de 20 años, conocida la acción como "El desembarco de Alhucemas", en la Playa de Cebadilla, hubo una sola baja entre la brillante oficialidad que inició el desembarco: la del Teniente Angel Hernández Menor hijo de la ciudad de Villena. Fue al amanecer del 8 de septiembre de 1925. El día mayor de los villenenses; el día de la fiesta de su Excelsa Patrona la Virgen de las Virtudes.
La alegría de los ejércitos por la victoria no distrajo a las autoridades nacionales de rendir honroso homenaje al heroico militar adelantado en la hazaña de conseguir la anhelada paz a España y dentro de ello fue el traslado de sus restos a Villena, en un furgón de honor en tren especial, ascendido al grado de Capitán con la petición de la más alta condecoración, la Cruz Laureada de San Fernando, acompañado de un miembro del Gobierno y de jefes y oficiales compañeros de su Arma. Villena recibió toda unida en silencio y emocionada el cuerpo muerto de su joven militar, ofrendador valeroso de su vida por la paz en Africa y por el fin de aquella guerra que tantas lágrimas y lutos y dolor había producido en tantos años en tantas familias españolas.
Entre las ocho decisiones que adopta el pleno Municipal en su emocionada sesión del 12.9.25 dice la 8ª: Abrir una suscripción para la construcción de un busto que habrá de ubicarse en el Parterre".
Navarro Santafé no recuerda cómo y por quien recibió el encargo. Lo relaciona conque por entonces el Ayuntamiento le había concedido el Primer Premio en el Concurso para una lápida en la casa natal del Maestro Chapí, que no se hizo por estimar su costo superior a sus previsiones presupuestarías. Bien por esto o porque lo recomendara algún familiar como joven escultor villenense trabajando en la Corte y ya avanzado en su capacidad artística. Con el boceto terminado viajó a Villena a presentarlo al Ayuntamiento. Consistía en el busto del Capitán Hernández Menor, de uniforme de Húsar de Pavía, sobre pedestal y ante éste una figura corpórea de mujer, vestida con túnica clásica, simbolizando a la Ciudad de Villena ofrendándole el laurel de la Inmortalidad. Rebasaba también el presupuesto económico. El Ayuntamiento le pidió se ajustara a las disponibilidades, cifra que no recuerda pero lo logró cambiando principalmente la figura corpórea de mujer en figura en alto relieve adosada al fuste. Así se aceptó y lo esculpió en piedra en el taller del cantero villenense Francisco Cerdán. Como en 17.1.1929 recibe el Ayuntamiento, con satisfacción que hace constar en Acta, la comunicación oficial de la concesión de la Laureada de San Fernando y cuando se le comunica al escultor ya está acabado el busto, este coloca la condecoración en lo alto del fuste. Se inauguró solemnemente, por nuevo acuerdo del sitio en sesión de la Permanente del 28.8.1930. Asistió en representación del Ejército, según comunicación al Ayuntamiento del Gobernador Militar, el Jefe del Regimiento de la Princesa de Alicante, también ilustre villenense, Coronel Don Eduardo Lobregad. Y en ella estuvo hasta que, se supone que forasteros vandálicos, lo destruyeron en los primeros días de la guerra civil. Pasaron más de 20 años y el destruido monumento de aquel Hijo Predilecto parecía olvidado, aunque se dice no fue así, sino causa de la pobreza del erario municipal. Y aunque se anhelaba y se comentaba con frecuencia la justa reposición, esta se iba demorando consolándose con su enmarcada fotografía en el Salón de Sesiones y su nombre a la antigua calle Mayor, conforme a los Acuerdos 2º, 3 y 6º del Pleno de 1925. Pero hay héroes que llaman a la puerta para servir y ganan, como se dice del Cid, batallas después de muertos. Porque...
Durante una cacería en una finca de la Mancha, La Veguilla, a finales de 1965, propiedad entonces de un adinerado villenense, Salvador Amorós Cerdán, cuyas primeras tiradas anuales se hacían con asistencia del Jefe del Estado Generalísimo Franco, ocurrió que dos de los invitados asistían a la fiesta pero no iban a los puestos de caza y se quedaban charlando. Uno era el Capitán General Muñoz Grandes, que fue en Africa Comandante de la Harca a la que pertenecía el Teniente Hernández Menor y bajo sus órdenes estaba el día de su heroica muerte mandando él las fuerzas de la primera sección de desembarco y el otro, el hermano mayor del anfitrión, Cristóbal. Mientras paseaban charlando sobre diversos temas el General recordó a su joven e inolvidable amigo Villena. De algún modo Amorós le dijo que el Monumento que se le había levantado en 1930 (él había sido Alcalde en 1929) y fue derribado en los primeros días de la guerra civil no se había repuesto. Muñoz Grandes le comentó la alta figura del Capitán Hernández Menor, su ardorosa vocación militar, la pena de su muerte aún siendo tan heroica y cómo, de no haber sucedido, hoy llevaría el fajín de general, como llevaban sus compañeros, todos del grupo de africanistas al que pertenecía Angel, de quien dijo se acordaba frecuentemente y de quien guardaba como uno de sus objetos queridos su reloj de pulsera, que él mismo le quitó caído de la muñeca y le regaló, como recuerdo, José, su hermano mayor. Y le dijo a Amorós:
"Cuando vaya Vd. a Villena dígale al Alcalde que lo reponga y yo mismo iré a inaugurarlo." Transmitió - según él mismo me contó - este recado del Capitán General al Alcalde, en la primera ocasión que fue a Villena ya a principios de 1956, y lo era, muy recién nombrado, Luis García Cervera, que ilusionado en su quehacer municipal, éste que bien resultó ser un eficaz Alcalde de Villena, llevaba en su programa como primer anhelado importante proyecto el de AGUA Y ALCANTARILLADO a toda la Ciudad, vio en tal información un posible buen asidero para el logro de su buen servicio.
Comunicó a su pleno Municipal tal circunstancia y todos interesados en la conveniencia de aprovecharla en bien de la Ciudad se acordó la inmediata restauración del monumento, y ver de traer a su inauguración al Capitán General. Rápido se dio el encargo al cantero F. Cerdán, que tenía en su taller los restos que pudo rescatar de su destrucción. En pocas semanas lo tuvo dispuesto.
Entonces marchó el Alcalde a Madrid, acompañado de relevante Comisión, a visitar al Capitán General, e invitarle a su inauguración y que él mismo fijara la fecha que le fuera cómoda. Efectivamente los recibió muy amable el Capitán General Muñoz Grandes, pero les dijo que él no podía ir al pueblo de Hernández Menor solo a levantar su estatua. Se lo afearía él desde el Cielo. El haría por su pueblo en su memoria ayudarles en algo tan importante que tuvieran necesidad de hacer, como el mismo Hernández Menor lo hubiera hecho. "Así que, Alcalde, está muy bien esa reconstrucción del Monumento a tan heroico y glorioso hijo de Villena; inauguren su restauración con toda solemnidad ustedes, pero a mí venga a verme en nombre del Capitán Angel Hernández Menor cuando tenga el proyecto de una gran obra para Villena y la conseguiremos en memoria de nuestro querido héroe, sirviendo a Villena como a él le hubiera gustado servirla." El Alcalde y sus compañeros de Comisión, tan afectuosamente atendidos y en modo alguno desairados, se despidieron, diciéndole en sus últimas palabras el Alcalde:
"Vendré pronto con ese importante proyecto, mi General."
"Tráigalo cuanto antes, Alcalde, y juntos trabajaremos por él."
El Alcalde regresó eufórico a Villena, lleno de esperanza.
El día 8 de septiembre de aquel año 1956, en el XXXI aniversario de su gloriosa muerte, en el día de la Virgen, con nuevas generaciones de ciudadanos a su alrededor, se repuso solemnemente el monumento a HERNANDEZ MENOR por el Alcalde y autoridades locales en la misma inicial plazoleta del centro de la población, llamada de la Religiosa Agueda Hernández.
Meses después le volvía a pedir audiencia el Alcalde al Capitán General. Le citó Muñoz Grandes, con la llaneza que le era proverbial, en su propio domicilio. Le explicó el Alcalde el proyecto de AGUAS Y ALCANTARILLADO a todas las casas de Villena. Muñoz Grandes lo vio importante y le dijo: "Esto sí, Alcalde, esto sí que vale hacer por mí como por su pueblo lo habría hecho Angel." ¿Qué necesita, de momento?", "Que me reciba el Director General del Banco del Crédito Local, que admita el Proyecto y que nos dé el dinero para hacerlo". Sacó una tarjeta personal, escribió en ella unas letras y le dijo: "Vaya a verlo inmediatamente que, cuando usted llegue, yo ya le habré telefoneado desde mi despacho." Contaba el Alcalde Luis García que en la despedida ayudó, en natural gesto de cortesía, al para que lo hacía del Ayudante de Campo, a que se pusiera la guerrera el General y como éste, tocándole el hombro afectuosamente y animándole a que se diera prisa lo despidió.
Marchó el Alcalde al Banco y entró en aquella antesala enorme en la que tantas horas había perdido en espera sin solución o alguna vez apuntándosele solución demorosa, solo atendido por algún segundo secretario tantas veces. Dio la tarjeta del Capitán General a un ujier que de muchas esperas le conocía y ¿pasaría el tiempo como en tantas ocasiones? Inmediatamente se abrió aquella enorme puerta del fondo y delante de ella, el Director General Sr. Fariñas, todo atención y afectuosidad: "Pero, querido Alcalde, le estaba esperando. No había necesidad de molestar al Capitán General. Estaba terminada la operación. Vamos a hacerla inmediatamente." En resumen, días después el Alcalde firmaba la Escritura del importante Crédito, y la obra para dotar a todo Villena de AGUAS Y ALCANTARILLADO se puso inmediatamente en ejecución y sin paralización pronto cumplió su anhelado y útil servicio al bien común.
Obra, sin duda la más importante de Villena, cuyo beneficio perciben y gozan los villenenses. Su hijo heroico, el Capitán Hernández Menor, casi a 30 años después de su muerte, había ganado ésta batalla para su Ciudad. Realmente su monumento y su retrato enmarcado en el Salón de Sesiones del M.I. Ayuntamiento, si entonces dedicados por su abnegada y meritísima memoria, ahora por favorecer servicio a su pueblo, de nuevo están para siempre más que bien colocados.
Pero esto que no nos hemos resistido a relatar aquí aunque no sea nada más que para que no se olvide, es anécdota valiosa relacionada con la reconstrucción de ésta primera importante obra de Navarro Santafé. Como hemos dicho, el Ayuntamiento, ya con prisa para reconstruir el Monumento, hace el encargo al marmolista Cerdán que guardaba, en depósito, los restos originales de busto y peana, así como los planos y maqueta en alto relieve de Navarro Santafé.
Mas ni el Ayuntamiento, ni el marmolista Cerdán por no sabemos porqué, ninguno dijo nada a Navarro Santafé, y la obra se realizaba sin permiso de éste y naturalmente sin habérselo solicitado. Pero como todo se sabe, las noticias vuelan, ésta le llegó a nuestro escultor por medio de un hermano del héroe que le visitó en Madrid, que le habló de cómo por fin se había decidido el Ayuntamiento a reponer el Monumento, lo estaba haciendo de prisa el marmolista Cerdán, de lo que le suponía enterado porque le habrían pedido el permiso correspondiente como autor. Como no era así y como esto representaba llover sobre mojado, Navarro, indignado de que de nuevo le hicieran los de su pueblo víctima otra vez de olvido y daño como había ocurrido años antes con los Peregrinos de la Virgen (lo que contaremos en el relato referente a la Sagrada Imagen) lo primero que hizo fue hablar con su amigo Abogado que le dio nota de los derechos que como autor le asistían por lo que, se personó en el taller del marmolista Cerdán, a quien encontró trabajando en su obra, copiándola, sacándola de puntos, etc.
Sorprendido Cerdán se excusó titubeante y reconoció su culpa. Ante esto Navarro desfondó su ira y se limitó a calificar bondadosamente lo que ocurría como falta de atención pero, en testimonio de su derecho y para defenderlo, le impuso pago de 10,000 pesetas para darle permiso, lo que aceptó pero para pagarle conforme él cobrara, por lo que le dio tres letras debidamente aceptadas que a su vencimiento atendió puntualmente y contra aquellas letras Navarro le entregó por escrito su permiso para aquella reproducción. Así el marmolista Cerdán, debidamente autorizado por el escultor Navarro Santafé, reprodujo el Monumento destruido en la guerra civil del Capitán Hernández Menor, con los modelos y planos de éste, agregándole por su cuenta las dos conchas con su fuente tal y como ahora lo vemos.
Afortunadamente el Museo de Villena guarda una curiosa pieza muy significativa, y expuesta al público: Es el boceto en escayola que Navarro Santafé presentó al Ayuntamiento en 1928, que guardaba el marmolista Cerdán, de cuyo taller a su fallecimiento lo recogió Miguel Flor Amat y lo donó al Museo desinteresadamente según consta en Acta de la Junta de Conservación y Tutela fecha 7/11/1985.
3.-1935. La familia "BIENVENIDA". Madrid.
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Con esta famosa familia del mundo de los toros, conocida por los "BIENVENIDA" en razón de que eran oriundos de la villa así denominada en la provincia de Badajoz, en la línea de Mérida a Sevilla, sobrenombre que acreditaron ante los públicos con el prestigio inmenso de arte y valor los miembros de esta amplia dinastía de grandes toreros, se relacionó de la siguiente simpática manera:
Sería como a mediados o a finales del año 1935, rememoraba. El tenía ya 29 años y unas grandes ganas de trabajar y darse a conocer, cosa que no lograba y caía y volvía a caer, por la necesidad de comer cada día, en las garras de un despiadado explotador de artistas, ya demasiado nombrado al relatar en anteriores páginas aquel tiempo de su vida, o trabajar, para comer, en algo distinto a su vocación artística. Ambas cosas había que vencerlas. Por entonces tenía un poco de dinero ahorrado - acababa de terminar su contrato de pintar las farolas de Madrid - y el proyecto que le animaba era intentar una Exposición de Tauromaquia.
A.-GRUPO. El "pase natural" de MANOLO BIENVENIDA
B)Busto de la madre, Dª CARMEN
JIMENEZ.
"La madre del torero"
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La señora de la casa, Dª Carmen Jiménez, sevillana, había acogido a Navarro con su natural simpatía, que si en ella era natural para éste resultaba extraordinaria. En su impulso de agradecimiento comenzó a modelarle un retrato. Había tenido ocasión de estar un día en aquella casa mientras los hijos toreaban en diferentes plazas. Vio a la madre, Dª Carmen, que se pasó toda la tarde de rodillas ante una hornacina del Cristo del Gran Poder y de la Macarena, con las manos juntas, rezando, lo que luego se enteró era lo que hacia cada vez que toreaban sus hijos. Mientras que El Papa Negro telefoneaba constantemente a las plazas. Cuando estaba terminando el retrato, en presencia de toda la familia, llegaron los famosos literatos, Cossío, Curro Meloja, y otros periodistas, con Roberto Domingo, ya entonces famoso pintor de toros. Se animó la conversación y el único que no hablaba era Antonio Navarro, cuyo mutismo llegó a llamar la atención de los llegados. Alguno de estos le invitó a que dijera algo, más al excusarse Antonio, el padre de los "BIENVENIDA" informó a su auditorio, en broma un poco pícara, que Navarro en público no se atrevía a hablar más que en verso. Tenía el Papa Negro motivo para decir esto, porque uno de los días que estaba en su casa, le preguntó vivaz, al verlo siempre tan callado, cómo se las arreglaba con las chicas, él un hombre joven y soltero, si tanto miedo le tenía a su tartamudez. Y Navarro le contestó que, en vez de hablarles, les decía versos. Por ello tenía motivo cuando les dijo: "Navarro habla poco, pero dice muy bien el verso." Todos le animaron a que dijera alguno y les recitó "La señá Gabriela", de su gran amigo el poeta José Antonio Ochaíta y tuvo un éxito. Escena que Antonio recordaba siempre con especial satisfacción.
"LA SEÑA GABRIELA"
¡Alameda de Sevilla, Alameda!
Crujiente a almidón de enaguas;
rubia de tantas peinetas;
de un frescor de alcazarra
y un son de bridas y espuelas.
¡Alameda de Sevilla, Alameda!
Sevilla bien conocía
que en ti vivía la reina,
que sus hijos eran reyes
de un reino de sol y arena,
con traje de oro
y por cetro la caña de la muleta,
y por gente cortesana
toda Sevilla en la rueda.
José, tras ceñirse el raso,
tras calarse la montera,
tras apretarse la faja,
tras santiguarse a derechas,
besaba un medallón de oro
dentro de cuya opulencia,
alelí que va en fanales,
estaba la imagen de ella.
Rafael, cuando salía
- oliva aliñada en cera -
a nadie daba la mano;
y es que en su mano derecha
iba un pañolito blanco
que había tenido ella
toda la tarde en sus ojos,
como dos fuentes abiertas.
Tardes gloriosas y ardientes,
tardes donde el sol se vuelca
sobre José y Rafael
consagrando su realeza.
Gritaba la plaza loca
rota en palmas y en banderas,
mientras los reyes gitanos
derrochaban a conciencia
el ceremonial de gracia
de su estirpe macarena.
A la misma hora la madre
estaba tras su cancela,
pólvora de los olés
que bajo el aire se queman
y que asfixiaba a la madre
de gozosa turbulencia.
Y aquellos silencios hondos,
cuando las almas se tensan
ante el ala de la muerte
que va rozando la seda,
y aquel frenesí glorioso,
y aquel fervor de tragedia,
de la Maestranza al patio
va tejiendo cadenetas
donde con rosas de vida
rosas de muerte se enredan.
Cuando volvían los hijos
entre palmas y entre ruedas,
- reyes de un reino de oro,
de molinetes y estrellas, -
cuando volvían los hijos
salía al dintel la reina
con su peinador tan blanco,
su abanico y su cadena.
José y Rafael caían,
uno a la derecha otro a izquierda,
y de rodillas besaban
las dos manos gordezuelas
donde abrían las tumbagas
sus líricas apariencias.
¡Caireles de oro y de sol!
los ojos maternos llenan
púrpura de los capotes,
azabache de monteras,
fulgor de estoques de plata,
vengan las banderillas,
crespón de las espantás,
brocatel de las faenas,
todo yace arrodillado
a la derecha y a la izquierda
de aquella madre que tiene
los monarcas por pareja,
y su pañuelo de talle,
y sus tumbagas de feria,
y por nombre el más real
y el más flamenco: ¡Gabriela!.
Le aplaudieron fuerte. Decía: "Para recitar poesía ante público entre el que se encontraban críticos exigentes, había que atarse los machos." Y que el éxito le olvidó la tartamudez, problema y tragedia de su vida, y pasó la tarde hablando.
El periódico "DIGAME",

C)Grupo ANTONIO BIENVENIDA
"Pase cambiado a muleta plegada"
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Y la página 36 de ese número del periódico "DIGAME", o en un otro alrededor de febrero de 1946 (parece que por entonces los periódicos no fechaban sus hojas, así parece, cuando menos, en éste), pero por el contesto se deduce claramente que por allá era, ya que se habla de "la primavera próxima" y que "hoy día trabaja en el Monumento a Ruperto Chapí", el articulista Angel Bueno se la dedica entera, destacando, a dos tintas, en título y subtítulos:
"ANTONIO BIENVENIDA. VISTO POR EL ESCULTOR NAVARRO SANTAFE."


Pero aún con la publicidad que tuvo esta obra, e incluso la amistad con toda la familia y con el propio retratado y en ella inmortalizado, recibió por ella también uno de los grandes disgustos de su vida, precisamente los que por su propia humildad más le afectaban y que víctima de ello tantas veces, siempre con dolor, le parecía que tenía, ya años, completamente superado.
Ocurrió que TVE, el 23 de enero de 1972, hizo en casa de Antonio Bienvenida un amplio reportaje de su vida en familia, de sus recuerdos, de sus cosas. Antonio Bienvenida, que estaba muy orgulloso del grupo obra de Navarro Santafé se mostró con él sosteniéndolo de la peana, sonriente, satisfecho y orgulloso, y no rectificó al entrevistador cuando dijo que la obra era de Benlliure. ABC, en su Agenda de la Popularidad, publicaba la fotografía de ese momento, también sin nombrar, como correspondía, que la obra que en sus manos admiraba complacido tenía su autor. Y Navarro, al día siguiente de la emisión de TVE, le escribió la siguiente carta que explica lo sucedido y refleja la pena y el desencanto del artista:
"Madrid 24 enero 1972.
"Sr. D. Antonio "Bienvenida"
"Madrid.
"Mi distinguido y siempre querido amigo:
Ayer, domingo, entraste en mi casa -¡la tuya siempre!- con el reportaje luminoso que te dedicó Televisión Española.
Te vi; vi a tu mujer, a tus hijos; el ambiente de tu vida; tu entusiasmo por seguir triunfando en el arte taurino, que te tiene por único y gran maestro, y vi también la escultura que te hice, con tu famoso "pase cambiado a muleta plegada", que tú creaste y que yo recreé en mi bronce, es decir, que yo hice imperecedero lo que es perecedero dentro de la vida humana.
"Por eso sentí un pequeño estupor, - llámalo desilusión artística - al no oír mi nombre como autor de tal obra, que si tiene un modelo vivo, que eres tú, también tiene un autor vivo, que soy yo.
"Comprenderás que mi estupor fue en aumento cuando el cameraman recogía con su objetivo la maravillosa obra de quien fue mi gran maestro, el gran Benlliure, y en ella y ante ella, vi que se hizo mención del hombre ilustre, a quien yo venero y admiro, pero que hubiera tenido enorme satisfacción espiritual al oír que el nombre del discípulo se mencionaba junto al suyo, ya que juntas están las obras en tu casa y juntas en tu estima y admiración.
"Tú sabes, por artista, lo que para un artista supone que se le silencie. ¡Menos mal que la obra habla y que el bronce, por duro, resiste al tiempo!, y por ello espero que algún día, en una primera ocasión, te acuerdes de mencionarme sabiendo que en mí tienes un amigo siempre y un admirador que, con tu gloria, desea un reflejo para la suya.
"Con mi enhorabuena y mis deseos porque tu vuelta a los ruedos vuelva a encender el sol de España, te saluda tu siempre devoto amigo, Antonio Navarro Santafé.
La minuta de esta carta, junto al recorte de la preciosa foto de su obra en manos de Antonio Bienvenida que la contempla sonriente y satisfecho, con amplio pie de ABC en que no nombra autor, me la envió dentro de una hoja carpeta que dice, escrita de su puño y letra:

"Parece que bajara de regiones agrestes y me encontrara como forastero en el gran mundo. No tengo a nadie que me tienda una mano. Menos mal que de vez en cuando alguno se detiene en mi obra y me reconoce... pero...
"Nuestro querido y admirado amigo Antonio Navarro de Santa Fe posee un vestido de torear, morado y oro, que fue de mi hermano Manolo (q.e.p.d.) el cual se lo regaló mi padre, el "Papa Negro", el año 1.935. - Angel Luis Bienvenida, (rubricado)
Lo figuramos porque entendemos que más que testimonio de posesión, es testimonio de fecha, y de admiración y gratitud al artista que con su obra inmortaliza.
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Pedro Hernández Marco
Escaneado y tratamiento fotográfico
" Carmen García Reig "