| PRIMERA PARTE: BIOGRAFIA |
INFANCIA Y JUVENTUD
Nació Antonio Navarro Santafé
en Villena, una relevante localidad de la provincia de Alicante,
con rica huerta, hermosas fincas dentro de su amplio término
municipal, el 2º en extensión de la provincia. Artesana,
industrial, marca de Castilla y su primer Marquesado, y con títulos
de Muy Noble, Muy Leal y Fidelísima Ciudad orlando su Escudo
flanqueado con los cuarteles de León, Castilla y la mano
alada de los Manueles. Asentada al pié de imponente sierra
y presidida por el altivo castillo atalaya, que fue romano y púnico,
luego poderosa plaza fuerte árabe, luego entregado por
el Rey Enrique II como merced a su amigo el poderoso D. Enrique
de Aragón, a quien hizo primer Marqués de Villena;
más tarde por otra concesión real se le dio a aquel
famoso Pacheco, aquel que casi estuvo a punto de variar la Historia
de España al poner su bandera junto a la pretensión
de la hija de Enrique IV, que con el mismo título lo reconstruyó
y elevó más su altiva torre del Homenaje, incrustando
orgulloso en sus frontales sus cuatro más altos Escudos,
que en ella perduran.
Nació Antonio Navarro el 22 de diciembre
del año 1906, en una balconada casa sita en el nº
8 de la Calle de Cervantes, 7º hijo del matrimonio formado
por Miguel Navarro Perona y Virtudes Santafé Marcos, ambos
también de Villena, del que hubieron 9 hijos: Isidoro,
Santiago, Juana, Miguel, José, Josefa, Antonio, Celia y
Gloria. El mismo me describió a sus padres así:
"Mi padre, un labrador, muy trabajador,
muy honrado, "ideista" y algo poeta, pero... con poca
suerte. Su única suerte fue casarse con una honrada y
santa mujer, toda bondad y delicadeza, que bordaba maravillas".
A su hermano mayor, Isidoro, le vino pronto
estrecho el pueblo y con dos amigos, Ricardo Menor y un tal Cheminades,
se marchó a la Argentina, a Buenos Aires. Meses después
regresó Ricardo Menor, poeta, que montó su industria
de licores bien conocida y con el que Antonio siempre mantuvo
fraterna amistad. Pero Isidoro y su amigo Cheminades se quedaron
allá. Isidoro, con grandes aficiones artísticas,
que dedicó al naciente arte de la cinematografía,
como director. Fundó Estudios, consiguió premios
importantes y murió allí a los 51 años.
Sus animosas cartas movieron, poco después de su marcha,
a que se decidieran a seguirle sus hermanos Santiago y Miguel
y también, después de pensarlo mucho, su propio
padre, lo que hizo hacia el año 1910 por ver si, ya que
aquí parecía que no, tenía suerte en aquellas
lejanas tierras.
Recordaba Navarro que el primer escultor de su familia fue su hermano Pepe, que modelaba en su casa soldaditos y cañones de barro, que secaba al sol y que cargándolos de pólvora los disparaba haciendo estragos en las filas de sus soldados de primor. Antoñico, como familiarmente le llamaban, imitaba a su hermano y su mejor entretenimiento era modelar figuras con barro. Modeló la figura de un personaje típico que por entonces vivía en Villena, llamado "El tío Zampabollos". Un hombre gordo, con su sombrero, su cadena y su reloj, sentado al lado de un árbol que tenía en su copa un pajarito.
También modeló de niño
"los Pasos" del Calvario, "las Cruces" de
su pueblo. Y pintaba en todas las paredes de la "cambra
alta" de su casa, con colores procedentes de una famosa mina
de hierro abandonada, de cuya actividad no quedaba recuerdo, y
se conocía y se conoce por la Mina de los
Colores, pues que todavía existe en la meseta de la Sierra
de San Cristóbal, a cuyo pié se extiende Villena.
Esto me contaba como sus primeros recuerdos en el arte al que
dedicaría su vida.
TRASLADO DE LA FAMILIA A MADRID
La difícil vida de la familia se fue
agravando con la marcha a América del padre y los hermanos
mayores. Las pocas tierras familiares no rendían para
su sustento, ni de América llegaban ayudas. Por lo que
su madre, viendo que crecían las deudas y confiando en
el consejo de unos parientes de Madrid, decidió levantar
la casa y trasladar la familia a la capital en la esperanza de
hallar en ella mejor horizonte para sus otros 6 hijos que quedaron
con ella. Y así vendió las tierras, los aparejos
y la caballería y hacia 1913 marcharon a Madrid. Tenía
Antonio 7 años. En la Villa y Corte se instalaron en un
piso, el 3º del nº 9 de la calle de Atocha.
El mayor de estos 6 hermanos, José,
con sus solo 11 años, se colocó con un sastre y
era el único que trabajaba. Con su solo pequeño
jornalillo como aporte, el poco dinero que la madre llevó
por la venta de las cosas de Villena no tardó en acabarse.
Al cabo de dos años vino la total escasez.
TIENE QUE ABANDONAR LA ESCUELA. HAY QUE TRABAJAR
Antonio, desde la llegada a Madrid, iba a una
Escuela Municipal, en la que aprendió sus primeras lecciones
de Matemáticas, Gramática, etc., pero con escasos
11 años tuvo que dejar la Escuela para ver de ganar algo
y ayudar a su hermanos en traer algo a casa. Con los primeros
pantalones largos se encontró de Portero en los soportales
de la calle Toledo nº8, aunque por poco tiempo, por haberse
contratado con un vendedor de zapatos para llevarle la caja de
los fabricados acompañándole al domicilio de sus
clientes. Era de Elda, se llamaba D. Antonio Carazo, vivía
en la calle de San Bernardino y lo contrató por la comida
del mediodía y 50 pesetas al mes.
La economía familiar iba de mal en peor
y como ya les era imposible pagar el alquiler se trasladaron a
un piso más económico, en la calle Palos de Moguer
nº 35. Era un cuarto bajo, húmedo y oscuro, pero
allí casi en seguida, su hermano José se atrevió
a instalar su primer y modestísimo taller de sastre. Las
hermanas, Juana y Pepita, encontraron trabajo en la Fábrica
de Perfumería "Floralia", que estaba vecina,
y el futuro escultor en una frutería, verdulería
y pescadería de un paisano, amigo de su padre, que le llamaban
"el Jalmero", a quien dejó a los pocos días
porque le obligaba a vocear los artículos y, dándole
esto vergüenza, se marchó de allí diciéndose:
"Vocear ¡Que vocee su tía!."
Poco después se colocó de Botones
en la Sombrerería del Sr. Vilasante, en la calle de Alcalá,
Sombrerero de Cámara de SS.MM., para llevar los sombreros
entre otros importantes personajes al Conde de Romanones, de la
Cimera, Marqués de Villabrágima, Conde de Mayalde.
Iba en alpargatas, lloviendo o sin llover; pero recibía
propinas y pronto se compraba un "rajao", un panecillo
de cuatro bolas, que desaparecía como si nada, porque para
sus 12 años todas las bolas eran pocas. Eran en Madrid
los tiempos de Fornos, de la Maison D'Oré, del Apolo.
A personas que veía tras aquellos cristales llevaba a su
casas "hongos", "copas", "canotiers",
"extenson", "lok" y "borsalinos"
y bastones con cabecitas de perro.
Pero su gran afición no le abandonaba.
Donde se hallara, como entretenimiento era hacer con barro figuras,
caras, toros, que regalaba, a veces, hasta a las mujeres de la
cola de la tahona donde iba por el pan. Entre los chicos de su
edad era amigo de un hijo del Teniente Coronel de la Guardia Civil
del cuartel cercano a su casa, en la calle Batalla del Salado.
Su amigo le dijo que en la Fábrica Floralia, en la que
trabajaban sus hermanas, que estaba en la esquina de aquella calle
con fachada a Santa María de la Cabeza, que había
visitado recientemente con su padre, había visto un Departamento
de Propaganda en el que estaban los dibujantes Penagos, Rivas,
Duvon y otros y que por ser su amigo si quería le diría
a su padre que le recomendara para entrar allí, dadas sus
aptitudes para el dibujo. Tenía entonces 14 años
y fue ocasión muy importante en la futura orientación
de su vida. La recomendación fue efectiva y le llamaron
para Botones en la oficina, donde aprendió a copiar, foliar,
y archivar y, entre algún que otro recado ir diariamente
por la correspondencia. En las horas libres iba al Departamento
de Propaganda y copiaba y copiaba todos los dibujos que veía,
con su admiración por aquellos famosos artistas. Allí
los conoció a todos y especialmente a Karikato, uno, como
aquellos, de los grandes dibujantes de su época.
Todo le admiraba y de manera indeleble, aunque
sin darle importancia entonces, le quedó gravado aquel
muchacho que, con buen corro de público ante el Palacio
de Comunicaciones, que veía él cuando iba por la
correspondencia, cómo con bastante eficacia modelaba en
barro, ante sus espectadores, una cabeza de toro que inmediatamente
terminada vendía por un duro para en seguida comenzar otra
para otro encargo del mismo público, con lo que se admiraba
cómo en cosa que a él le parecía tan fácil
se ganaba el muchacho unas buenas pesetas.
La posibilidad de dibujar siguiendo la línea
de aquellos grandes maestros que le ofrecía el Departamento
de Publicidad, aunque su aprendizaje fuera clandestino, le produjo
tal despertar de sus facultades apasionadas que, enterado que
en próximos días se iba a celebrar una fiesta en
la Empresa con motivo del cumpleaños del Director, que
era Don Alejandro Berenguer, hermano del General Don Dámaso
Berenguer, por entonces Alto Comisario de España en Marruecos,
hizo un
DIBUJO A CARBONCILLO
de una de las fotografías de éste
que publicaba una Revista y el día de la fiesta se lo entregó
personalmente a su Director como su obsequio. Tal complacencia
le produjo que, al inquirir allí mismo sus circunstancias
y enterarse de su gran inclinación, manifestó ante
todos los asistentes que tomaba al muchacho bajo su protección
y se ocuparía de costearle los estudios necesarios para
que desarrollara su vocación artística.
EN LA ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS
Efectivamente, al día siguiente lo matricula
a su expensas en la Escuela de Artes y Oficios, calle del Marqués
de Cubas, y le compra pastelina para modelar, palillos, pinturas
y alternando sus clases de dibujo con sus Maestros Oliva y Villegas,
asiste a las clases de modelado y talla con José Capuz
y Julio Vicent a quienes con el pintor Blanco Coris había
sido presentado por su protector. Clases nocturnas, porque de
día tenía que atender su trabajo en la Fábrica,
al par que los domingos iba al Casón del Retiro para dibujar
las obras clásicas que allí se exhiben. A las clases
de modelado y talla de Capuz y Julio Vicent asistió durante
algo más de dos años.
Destina su primer obra de modelado a su protector
D. Alejandro Berenguer, consistente en un medallón. Un
amigo de la familia que se admira de la habilidad del joven lo
recomienda al escultor Orduña, entonces de moda, y éste
lo recomendó al escultor José Ortell, valenciano,
de Villarreal, que se había situado en primera fila cuando
ganó su primera Medalla. Decía que éste
fue su director definitivo y quien más influyó en
él. Había sido discípulo de Benlliure, sin
embargo su arte y sus creaciones no se parecían en nada
a la línea de su maestro. Pero cosa singular y extraña,
supo infundirselo a él para sus obras animalistas. Allí
intensifica el dibujo por concreta recomendación del Maestro,
que le exige dibujo y dibujo antes de dejarlo modelar. Tras algunos
meses comienza a modelar alguna mano, cabezas y él mismo
se nota el cambio en la calidad de su trabajo. Sigue siendo estudioso
y tenaz, como desde que iba a la Escuela primaria de chiquillo
era, en el recuerdo aquel día en que el Maestro, en la
clase de lectura, lo puso de ejemplo a sus compañeros diciéndoles:
"Mirad como lee de bien este niño, pese a su tartamudez".
En aquel estudio del escultor Ortell modeló
su primera obra de importancia. Es su estudio de una cabeza de
hombre que tituló CAMPESINO. La llevaba en la idea y la
trabajó con la enorme ilusión de sus casi 17 años.
La presentó, vertida a bronce, en la EXPOSICION DE OTOÑO,
cuya circunstancia narramos en el capítulo de OBRAS.
Ya tenía la experiencia de otras obras,
porque bien en el Estudio y más en su propia casa aquel
muchacho ilusionado y estudioso, que lee cuanto cae en sus manos
sobre arte se encuentra con la leyenda de Sísifo, el fundador
de Corinto, que por haber engañado a Hades al morir es
condenado a estar siempre subiendo un enorme peñasco a
la cima de la montaña sin alcanzarla nunca, siempre volviendo
a intentarlo y hace, según se imagina ésta figura,
que con las siguientes él mismo clasifica hechas entre
sus 13 y 16 años: TORMENTO DE SISIFO, en barro, y lo repite
en bajorrelieve; GLADIADOR HERIDO, en barro; DESNUDO FEMENINO,
en barro; TORSO DE HOMBRE, en yeso; TORSO DE MUJER, en yeso metalizado;
CRISTO YACENTE, barro policromado (Obispado de Madrid); DOLOROSA,
en terracota, que como primicia regala a su primer amigo, que
luego alcanzaría fama como poeta, J. Antonio Ochaíta;
GRUPO DE JOSELITO. NATURAL, que es su primera obra de toro y
torero. Lo había visto torear y lo modeló recordándolo;
MI ABUELITA, (medalla), yeso patinado que guarda su prima Rosa;
ESTUDIO DE CABEZA DE HOMBRE, dibujo; y, CAMPESINO, cabeza, bronce.
Después de la Exposición de Otoño,
tras el éxito en ella obtenido con su obra CAMPESINO, justamente
animado en su vocación, se activa en obras y realiza entre
sus 16 y 19 años: CHAPI, medalla de yeso que modela de
una fotografía que publica la Revista "Villena Joven";
DOS CABEZAS DE NIÑO, escayola, que con la anterior regaló
a su primo Ginés García, fabricante de sillas de
Villena; COPIA DE SAN JUANITO DE DONATELLO, escayola, que regaló
a su primo Diego García y 60 años después
tuvo ocasión de verla en poder de un nieto, Martín
Menor García; TODO POR LA PATRIA, grupo escultórico
de un soldado con bandera que, herido, descansa sobre un ángel.
Regalo a su protector Don Alejandro Berenguer Fusté.
En la misma época hace dibujos y acuarelas,
tanto para la portada como para la ilustración de un libro
de versos de Ochaíta, así como para el Concurso
del Ayuntamiento de Villena LAPIDA PARA LA CASA DE CHAPI. Le
conceden, el Primer Premio, pero no se realizó.
Ya en este ambiente de estudio y como definitivamente
enderezada su vida por el camino de su vocación, su padre
y sus hermanos, desde Buenos Aires, les llamaron y enviaron fondos
para hacer el viaje. Se resistía su madre, tanto tal vez
por la dudosa aventura como por tener que dejar a Antonio, que
no podría ir con ellas, debido a que se encontraba próximo
a su edad militar. Pero tuvo que decirse a marcharse con sus
hermanas, dejando a Antonio en Madrid por tal causa.
De aquel período inicial pude, con él
mismo, regular cierto orden sobre las obras de aquel tiempo, al
par que recoger sus recuerdos sobre ellas y sus curiosos comentarios,
que sirven para darnos idea de la tenacidad de este hombre, sobre
todo tímido, siempre rodeado de dificultades económicas
y a cargas del gran complejo de inferioridad que su acentuada
tartamudez le producía.
Sobre las antes indicadas como las primeras,
continuaron las siguientes, según sus recuerdos: BUSTO
DE SU HERMANO ISIDORO, escayola, que se llevó a América,
a Argentina.
Poco después de marcharse su madre y
hermanas tuvo que dejar de trabajar en la Fábrica de Floralia
y entró a trabajar en el taller de modelado Barrenechea,
con la paga de cinco pesetas por hora de trabajo y permiso para,
fuera de su tiempo poder modelar en el taller y así hace
Cuando está terminando un barro COMBATE DE CENTAUROS, entra en el taller su Maestro marmolista con quien también Navarro trabajaba para ganarse alguna peseta y éste le pregunta si aquella obra es suya. Al contestarle Navarro afirmativamente aquel lo refuerza diciendo que se lo había figurado porque parece del Maestro Ortell. Barrenechea le dice que se la lleva él a París, donde la funde, y al reclamarle el valor que del original le corresponde le contesta que lo que se hace en su casa es suyo. Navarro salió disparado aquel día de aquella casa dispuesto a no volver más a ella. Pero la necesidad...
... al siguiente día le hizo volver
a aquella casa. Y de nuevo se volvió a encontrar con la
misma piedra. De nuevo fuera de horas de trabajo, conforme estaba
convenido, hace un RODOLFO VALENTINO, en barro, y Barrenechea
se lo queda repitiéndole que lo que se hace en su casa
es suyo. Pero una señora francesa que deseaba comprarlo,
el día que entra para hacerlo le falta la cabeza. Al preguntar
por ella Navarro le dijo que la tenia en su casa. Barrenechea
se calló. Se fue la francesa a casa de Antonio, éste
se la dio y ella le pagó 200 pts.
Realiza igualmente un RODOLFO VALENTINO, escayola
policromada, que es un gaucho de cuerpo entero de 40 centímetros.
Se lo regaló a su profesor de boxeo, campeón de
lucha grecorromana y empleado delineante en la RENFE. Compañero
suyo cuando era Botones de Floralia.
(Sobre su tiempo que practicó el boxeo
me explica que el 1º y 2º round eran suyos y dejaba
K.O., pero a partir del 3º perdía, por falta de aire.
Era su problema de aire. Comentaba como convencido que un filósofo
griego decía que cuando no hay aire el instrumento musical
no suena. Así le pasaba a él, decía: ni
para el boxeo ni para hablar tenía suficiente aire. Por
eso era tartamudo y por eso dejó el boxeo.)
Al romper con Barrenechea, el duro que le daba
por hora de trabajo lo echa mucho de menos. Necesita dinero para
poner la comida diaria. y apretado por la necesidad no ve más
solución que volver a Barrenechea. Y pacta con él
dedicarse a crear modelos que Barrenechea firmaría, pero
por los que él cobraría una mayor cantidad. Y así
surgen, entre sus 19 y 26 años:
SAN ANTONIO, talla de 2 metros que está
en al Iglesia de San Fermín de los Navarros, de Madrid;
y 50 obras, con las que se hace la "EXPOSICION DE TEMAS VASCOS"
en el Hogar Vasco, de Madrid, que se presentan todas en bronce
y entre las que recuerda: IRITEMA prueba de bueyes; SAKINASKI,
teatro vasco; LAYADORES, CHISTULARIS, VERSOLARIS, ESPATADANZARIS,
LEVANTAPIEDRAS RECTANGULAR, LEVANTAPIEDRAS REDONDA, UZCUDUN,
AIZCOLARIS, BARCA VENCEDORA, PELOTARIS, pala y cesta, REMERO,
PELEA DE CARNEROS...
Fue un éxito la Exposición.
Se vendieron todas las obras. Tras ello le hizo: PICABEA, Banquero.
Bronce para su casa de Bilbao; LUCHA DE TOROS, grupo en bronce
que envió a París; DUQUE DE MANDAS, Bronce. Pedestal
y busto con medallas; y TORO DE LIDIA, bronce.
Hacia 1927 terminó con Barrenechea otra
vez. Una vez mas, y aun su malhadada situación económica
le llevaría a volver a él en otros futuros difíciles
años como recurso miserable pero exigente para salvar el
momento insuperable.
Insuperable porque en su clásica timidez,
consecuencia de su gran complejo que para relacionarse le suponía
su temida tartamudez, le alejaba de toda relación que le
abriera alguna puerta en la que se le ayudara a defenderse con
su arte, que ya impresionaba a los que por algún azar o
profesión lo habían podido conocer.
Quería también, en su afán
permanente de aprender, no dejar pasar demasiado tiempo sin trabajar
el mármol, para aprender su cincelado, y la madera, para
saber tallarla, ya que ambos materiales le seducían. El
problema es que quería aprenderlos pero al par ganar para
sus perentorias necesidades de la diaria comida, y orillar el
problema de no comprometerse a su trabajo como empleo y servicio.
Quería estudiar, pero trabajando. Recordaba oferta del
marmolista Passani, como la del Sr. Talens y su disgusto con Barrenechea
le decidió a solicitar esos ofrecimientos, decidido a aprender
sus oficios con la firme voluntad de recobrar su libertad una
vez los conociera. Era el momento de aprender esas dos especialidades,
porque deseaba cultivarlas, sentía anhelos de ello, veía
pasar los años y había que decidirse para hacerlo
antes de que le llegar el servicio militar al que ya se acercaba.
El disgusto de Barrenechea y su decisión de marcharse le
llevó a este acierto que dio nueva dimensión y valor
a su vida y su conocimiento futuras ocasiones de brillantez a
su arte.
Efectuó estos dos especialidades el año antes de hacer el Servicio Militar.
Había tenido relación pasajera
con el Sr. Passani, que le conoció trabajando con Barrenechea
y le había ofrecido sus talleres de cincelador en mármol
para cuando él quisiera. Cuando decide terminar definitivamente
con Barrenechea tras los nuevos disgustos por la Exposición
de temas vascos, en el Hogar Vasco de Madrid, se marchó
a visitar los Talleres PASSANI cuyo titular le recibió
con todo agrado y manteniendo su promesa le dio trabajo para
satisfacer su deseo de aprender a cincelar el mármol.
Lo aprendió pronto y Passani le fue
encargando trabajos. Así en aquel taller realizó
especialmente 3 estatuas en mármol: una, LA FE NOTARIAL,
para el Colegio e Abogados de Madrid, en la calle Juan de Mena,
y dos estatuas de mujer, de 2 metros: Una representando EL AHORRO
y otra la PROTECCION DE LA INFANCIA. Ambas campean en el tímpano
de la puerta principal del edificio de "La Adriática"
en la Gran Vía madrileña.
Terminado su compromiso y deseoso de perfeccionarse
en el tallado de la madera atendió ofrecimiento que al
efecto le tenía reiterado el mismo Sr. García Talens,
propietario de Talleres TALENS quien además de darle un
sueldo le enseñó a practicar el manejo de la gubia.
Talens le ofrecía carta blanca para que hiciera en el
taller sus trabajos propios a horas libres. Estuvo algo más
de 4 meses, hasta que consideró suficiente su aprendizaje
en la madera. Pero quería ser libre.
Año más tarde conseguiría
hacer, algunas en los propios talleres Talens que éste
siempre le ofrecía, imágenes de vírgenes
y santos y carrozas para procesiones sacramentales. Lo que dio
motivo una vez, por causa del embalaje utilizando las tablas del
taller a confusión sobre su realización. Ocurrió
con el San Bonifacio, de Petrel, cuando años después
un sacerdote "investigador" apuntó sus dudas
sobre la autoría artística del San Bonifacio al
encontrar las tablas del embalaje que lo trajo porque vio que
estaban marcadas de Talleres Talens y "lució "su
descubrimiento" en un artículo de la Revista de Fiestas.
Motivó que personas de Petrel visitaran sobre ello al
prestigioso publicista villenense Don Alfredo Rojas y "aquello"
fue contestado y debidamente aclarado, por un sereno y adecuado
artículo que publicó al año siguiente, 1978,
en aquella misma Revista, que la obra era total y rigurosamente
de Navarro Santafé, ese al embalaje de sus talleres amigos.
EL SERVICIO MILITAR
A los dos meses tiene que incorporarse al Servicio
Militar. Por sorteo le toca la Península, Regimiento de
Ferrocarriles, en Leganés. Allí hace una medalla:
anverso con la cara de S.M. el Rey Alfonso XIII y reverso Escudo
del Arma de Ingenieros de FF.CC., que regala al Regimiento el
día de la fiesta de su Patrón San Fernando. Pero
además, con serrín de colores, pinta en el patio
una gran locomotora que es admirada y aplaudida por todos. Cuando
está en el comedor toda la tropa en comida extraordinaria
dan la voz que entra el Coronel. Llega a felicitar personalmente
a Navarro por aquel gran dibujo y darle las gracias por la medalla,
y termina sus palabras dando un ¡Viva Navarro Santafé!,
que siempre lo recuerda por ser el primer viva en su honor que
oyó en su vida. Se daba la circunstancia que el Coronel
del 2º regimiento era su primo, Navarro de la Cruz, y éste
le había recomendado a su compañero, el coronel
del primer regimiento, que era donde había sido destinado,
pero él no había hecho uso de la recomendación
y no se le había presentado. Al saberse eso en ese momento
el coronel le dijo que así había ocurrido al revés,
que en vez de presentarse él a su coronel había
sido su coronel quien se presentaba con mucha satisfacción
a él. Estuvo de servicio militar solamente seis meses,
por ser del 2º reemplazo.
LICENCIADO. EL DIFICIL ENCUENTRO DE TRABAJO.
Cuando le licenciaron se encontró con casi 22 años y en Madrid con el difícil problema: ¿Dónde encontrar trabajo?. Le fue más fácil hallarlo, por pronto, de dibujante para un publicista cartelista, cuya oficina con entrada por la calle Cuchilleros tenía balcón a la Plaza Mayor, desde donde Navarro miraba y remiraba el famoso caballo de Pietro Tacca que monta el Rey Felipe III.
El marmolista Bolado lo encuentra y le ofrece trabajo en su taller que acepta.
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Pedro Hernández Marco
Escaneado y tratamiento fotográfico
" Carmen García Reig "